bandera españa bandera ingles
IMPACTANTE EMOCIONANTE ANAFILACTICO

Francisco Lombardi y la peruanidad persistente


Foto de Francisco Lombardi
Retrato de Francisco Lombardi (El Comercio 14/08/2015)


La película de Francisco Lombardi, "Caídos del cielo", es una radiografía del individualismo limeño.


En la última edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva se ha reconocido con el Premio Ciudad de Huelva a un director cuya vasta filmografía en gran medida refleja las luces y sombras del cine peruano de los últimos 40 años. Francisco José “Pancho” Lombardi es uno de los hitos del proyecto de industria nacional que se forjó con la Ley de Cine de 1972, que atravesó y se inspiró en los peores momentos de coyuntura política y social del país, que sobrevivió al abandono del Estado tras la derogación de la mencionada ley en los 90, y que ha mantenido ante todo una mirada crítica hacia una sociedad corrompida. Reconocido en festivales como San Sebastián, Montreal, La Habana y Biarritz, Lombardi es el único realizador peruano nominado en cuatro ocasiones a los premios Goya y el único galardonado con uno por su sexto largometraje, Caídos del cielo (1990). Esta cinta se pudo ver recientemente en su versión restaurada en el Festival de Huelva, que dedicó un ciclo al cine peruano contemporáneo, y en el auditorio de la Academia de Cine Española en Madrid. Considero pues que es la más adecuada para identificar y poner en valor el universo y la mirada de Lombardi, un director esencial para entender las inquietudes y aspiraciones del cine peruano más reconocible a nivel mundial.

Caídos del cielo desarrolla tres historias entrelazadas de tres generaciones y clases sociales distintas en la Lima de 1989. En el extremo superior se hayan Lizardo y Cucha, una pareja de ancianos oligarcas en decadencia económica que ambicionan terminar el mausoleo de lujo que dejó inconcluso su único hijo fallecido, tratando de obtener fondos rápidos de sus precarios inquilinos y de la venta de reliquias personales. En el extremo inferior encontramos a César y Tomás, unos hermanos que viven en una improvisada choza en medio del desolado acantilado frente al mar con su abuela ciega Mercedes. Un día ésta recibe de Lizardo y Cucha un cerdo enorme como retribución por sus años de servicio como criada. Con la intención de venderlo para curar su ceguera, Mercedes se obsesiona con engordarlo y obliga diariamente a sus indefensos nietos a recolectar restos orgánicos de los muladares. La tercera historia, que sin duda representa al director y al espectador limeño promedio en los 80, la protagoniza Humberto, un inquilino más de Lizardo y Cucha que cuál superhéroe trabaja con un alter ego secreto: Don Ventura, el locutor de un exitoso programa motivacional de radio. Su vida fuera del programa cambia al salvar y acoger a una joven anónima que intenta suicidarse en el acantilado. Su inestable convivencia con la joven, a la que apoda Verónica, y su ímpetu de cambiarla y eventualmente enamorarla generan un punto de quiebre entre su personalidad insegura y su alter ego idealista. linea cita blog
Lombardi es uno de los hitos del proyecto nacional que se forjó con la ley del cine del 1972, y ha mantenido una mirada critica hacia una sociedad corrompida.
linea baja cita blog


Priviliegio decadente: Carlos Gassols y Élide Bredo
Privilegio decadente: Carlos Gassols y Élide Bredo como Lizardo y Cucha, retales de la Lima antigua.

El montaje de la ciudad de Lima que abre la película tiene que ser uno de los más logrados y honestos de la historia del cine peruano, opacando incluso a los utilizados en anuncios publicitarios turísticos. Como una película de Hitchcock que parte de un plano general magnífico y progresivamente nos acerca al origen del componente turbio de la historia, Lombardi acompaña e inicialmente refuerza el discurso eufórico de superación de Don Ventura con postales de la Lima más cosmopolita e histórica incluyendo el distrito de Miraflores y el Palacio de Gobierno, pero de repente lo subvierte sin tapujos al mostrar las calles descuidadas y populosas de los barrios obreros, el tráfico caótico, el desorden de la venta ambulante y la miseria extrema que se extiende hasta los basurales de los acantilados. Lima no es sólo la locación sino también la protagonista que define el espacio por el que se desplazan los personajes y que los empuja a vivir cerca del límite geográfico que curiosamente también connota un límite socioeconómico e incluso moral. Es así que César y Tomás ni siquiera son dignos de rebuscar entre la basura de un barrio de clase media y son relegados a los vertederos del acantilado; Humberto descansa y trabaja en un hogar decente que sin embargo queda muy cerca del desolado acantilado y vive rodeado de vecinos malintencionados; y Lizardo y Cucha, pese a su pasado acomodado, son casi siempre vistos en el cementerio o interactuando con obreros y comerciantes de menor nivel social. Como cineasta especializado en historias urbanas, Lombardi sabe qué espacios pueden resaltar las respectivas circunstancias personales de sus personajes e incluso presagiar sus desenlaces.

Como la mayor parte de la filmografía de Lombardi, Caídos del cielo tiene su origen en una obra literaria, en este caso el cuento “Los gallinazos sin plumas” del limeño Julio Ramón Ribeyro. La película altera ligeramente los detalles de su argumento central, el de los hermanos que buscan comida en el muladar, y lo extiende considerablemente para acomodar los relatos de los ancianos y de Humberto que no tienen conexión con Ribeyro pero que se inspiran en el espíritu mordaz y la estructura cíclica que el cuentista utilizó en su obra para retratar una sociedad limeña individualista e insensible. La compatibilidad de Lombardi con guiones de vena literaria no debe sorprender pues, pese a su afán de realismo, su estilo fílmico es más bien teatral. Desde Vargas Llosa hasta Dostoievski, el director ha sabido seleccionar y hacer suyos argumentos y personajes que refuerzan su visión crítica de la impunidad, la hipocresía y el resto de males crónicos que parecen afectar a todo un país desde tiempos remotos. Caídos del cielo en ese sentido resume los distintos matices dramáticos presentes en su filmografía. La historia de Lizardo y Cucha plantea un drama ligero con toques de humor semejante a No se lo digas a nadie (1998); la relación entre Humberto y Verónica esbozan un idilio tormentoso como los que protagonizan Bajo la piel (1996) o Ella (2009); y el trauma continuo que sufren César y Tomás por parte de su abuela, incluyendo el impactante final que les aguarda, constituye una tragedia tan contundente como las de La ciudad y los perros (1985), La boca del lobo (1988) o Sin compasión (1994).



Gallinazos sin plumas
Gallinazos sin plumas: Deflina Paredes y Nelson Ruiz como Mercedes y su nieto Tomás, protagonistas del relato
basado en el cuento de Julio Ramón Ribeyro.

Evidentemente el cine de Lombardi no sería lo mismo sin la presencia de sus grandes actores peruanos, sobretodo aquellos fetiches que han establecido una envidiable coherencia entre sus personajes más memorables. Caídos del cielo reúne a un grupo muy representativo del cine, televisión y teatro peruanos que siguen en su mayoría vigentes. En primera fila está Gustavo Bueno, responsable de encarnar a dos temidos y míticos militares en las dos películas inmediatamente anteriores a ésta y que cambió drásticamente de registro para interpretar al modesto Humberto y su ilusorio Don Ventura. Una auténtica joya del cine, televisión y teatro peruanos que brilla en sus monólogos motivacionales como el de la apertura de la película, y en los momentos más íntimos que comparte con una desenfadada Marisol Palacios en el papel de Verónica. Carlos Gassols y Élide Bredo por su parte demuestran sus credenciales de veteranos al dotar de picardía y tenacidad a sus aparentemente débiles Lizardo y Cucha. Si bien histriónicas, sus interpretaciones tienen valor histórico ya que encapsulan el léxico y ademanes de una Lima señorial que es hoy casi inexistente. Delfina Paredes, otra gran dama de la actuación, encarna a una Mercedes que navega entre la fragilidad y ternura propias de una abuela y el autoritarismo y sadismo de una auténtica tirana, una combinación convincente que se acerca al perfil de ciertas matriarcas peruanas. No menos importantes son los debutantes Rafael Garay y Nelson Ruiz que despliegan una vulnerabilidad convincente y un particular encanto que evoca al logrado por otros chicos no profesionales en otras dos obras de los 80 que dejaron huella en la historia del cine peruano, Gregorio (1984) y Juliana (1989).

Más allá de retratar grupos sociales y familiares decadentes, la película se centra en juzgar el individualismo incipiente de la época que se manifiesta principalmente en los monólogos de Don Ventura que acaban con el dogmático “Tú eres tu destino”. Un férreo discurso que elogia la superación personal como la única medida de salvación frente a la miseria socioeconómica que dejó el nefasto primer gobierno de Alan García y que se afianzó en los 90 con la abrupta liberalización económica impulsada por el dictador Alberto Fujimori. Don Ventura es el emisario ideal de esta doctrina falaz pues él mismo es un mero disfraz utilizado por Humberto para olvidar sus propios defectos físicos y emocionales. Su encuentro con Verónica es indispensable pues ella encarna una versión más perversa del individualismo, una que busca acabar con su propio sufrimiento en parte prolongado por una sociedad que solo deja de ignorarla para pasar a condenarla por intentar lanzarse al vacío. Ella viene a rebatir la facilidad con la que Humberto predica sobre responsabilidad personal y, a la vez, a despertar en él un sentido de empatía que los demás solo pueden ver como interés sexual. La ausencia de la hija de Mercedes y madre de Tomás y César, una mujer pobre que emigró a Estados Unidos como tantos peruanos de la época pero que nunca se acordó de sus familiares, simboliza otra forma de individualismo perverso que sin embargo es compatible con el sueño avalado por el modelo capitalista estadounidense al que el Perú se adhirió con Fujimori. Lejos de unirse frente a este abandono, la abuela y sus nietos desarrollan cada uno sus propios anhelos individualistas en torno a la potencial venta del cerdo. En el caso de los ancianos, su hazaña por terminar el mausoleo de lujo parte de un inflexible capricho personal de Cucha que no duda en chantajear emocionalmente a Lizardo para realizarlo. El mausoleo es en sí mismo la máxima expresión del clasicismo limeño pero también la de una vanidad y prestigio limitados a la figura y apellido de Lizardo como jefe de familia. linea cita blog
La compatibilidad de Lombardi con guiones de vena literaria no debe sorprender pues, pese su afán de realismo, su estilo fílmico es más bien teatral.
linea baja cita blog


Imposible amor: Gustavo Bueno y Marisol Palacios
Imposible amor: Gustavo Bueno y Marisol Palacios como Humberto y Verónica, dos caras del individualismo peruano de los 90.

A pesar de contar con un guión de rigor sociológico y un elenco impecable, y al margen de sus reconocimientos internacionales como el Goya, Caídos del Cielo no se encuentra entre los títulos peruanos con mayor recaudación ni entre las obras de Lombardi más recordadas. Aunque esto puede atribuirse a la fuerte recesión económica que atravesaba el país durante su estreno, ciertas características propias de la cinta, que no necesariamente defectos, también pueden explicar su tibia apreciación entre los peruanos. Su condición como drama basado en la cruda realidad limeña tiene que haber sido el mayor repelente para quienes buscaban escapar de la difícil coyuntura social yendo al cine. Caídos del cielo no es una película miserabilista pero, pese a su intención de denunciarlos, no deja de exponer algunos de los aspectos más vergonzosos de la sociedad como la comedia ambulante vulgar, el machismo, o el chisme. En ese sentido sus 127 minutos no le favorecen, más aún cuando Lombardi aborda sus tramas con sosiego y meticulosidad. Una decisión cuestionable es la desarrollar los tres relatos en paralelo cuando solamente uno, el de Humberto, tiene una mayor ramificación argumentativa. De ahí que los otros dos puedan sentirse estirados y reiterativos hacia el final. Por último, a diferencia de las películas más exitosas del realizador y del cine peruano, esta cinta se apoya poco en el thriller o el erotismo. Si bien es loable que no haya abusado de ninguno para no distorsionar el carácter de la obra, está claro que Lombardi necesitaba ofrecer algún otro incentivo a un espectador peruano promedio al que le cuesta mucho verse reflejado en el espejo del cine.

Treinta años después de su estreno, el mayor incentivo para ver Caídos del cielo quizás sea la nostalgia que generan las vigorosas interpretaciones de sus hoy longevos actores, el registro de una Lima previa a su metamorfosis arquitectónica y cultural, y el particular estilo narrativo que influyó en la producción audiovisual peruana de los 80 y 90. Irónicamente los peruanos de hoy aún podemos vernos reflejados en ciertas conductas de sus personajes, e incluso escuchar la retórica farsante de nuestros líderes en los monólogos de Don Ventura. El propio Lombardi reconoció en el coloquio que siguió a la proyección de su cinta en Madrid que ésta se encuentra entre sus seis favoritas, incluso por encima del gran éxito comercial que significó Pantaleón y las visitadoras (1999), una obra que auguraba un futuro prometedor pero frívolo. Su posterior decisión de trabajar de forma independiente en un país donde las subvenciones y cuotas de pantalla son mínimas evidencia la coherencia de un artista empedernido cuya carrera justamente se forjó cuando el cine peruano contaba con mayor respaldo legal e institucional. Se debe ejercer presión para que dicho soporte sea restablecido con una nueva ley, y parte de esa presión conlleva a reconocer los logros y de un cine que ha persistido gracias a la colaboración de socios internacionales como España pero sobretodo a la destreza y convicción de realizadores como Pancho que han convertido historias de adversidad e injusticia en ficciones arriesgadas y afectivas. Aún si no alcanza la vanguardia que previamente establecieron pioneros como Luis Figueroa o Armando Robles Godoy, Lombardi es imprescindible para confrontar al Perú que se esconde detrás de los reflectores del legado inca y el turismo, ese que solo el peruano de a pie conoce bien.
Caídos del cielo y Sin compasión pueden verse en filmin.
linea cita blog
Los peruanos de hoy nos podemos ver reflejados en ciertas conductas de sus personajes y incluso escuchar la retórica farsante de nuestros lideres en los monólogos de don Ventura.
linea baja cita blog


Publicado el 13/12/2019



Compartir:

icono facebook
icono linkedin
icono twitter
icono reddit
icono whatsapp
icono correo