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IMPACTANTE EMOCIONANTE ANAFILACTICO

EMPRENDEDORES AUDIOVISUALES VS. COVID-19


aplausos balcones
Aplausos esperanzados desde los balcones. Foto por Ángel Antonio Íñiguez Estremiana.


OS ESCRIBO UNA CARTA EN LA QUE COMPARTO MIS REFLEXIONES Y EXPERIENCIAS COMO EMPRENDEDOR AUDIOVISUAL, INSPIRADAS POR LA PANDEMIA DEL COVID-19 Y SUS EFECTOS, Y QUE SE PROYECTAN HACIA ESE BORRASCOSO MUNDO POSCRISIS.


Lectores anafilácticos:

Permitidme que ahora me dirija a vosotros en formato epistolar, aunque carezca de cualquier pretensión apostólica (os recomiendo una procesión por el pasillo, durante esta Semana Santa, para cumplir una doble función litúrgica y deportiva). Entre los lectores y los autores se establece una rara proximidad, de vocación mística, que crea una canal de confianza e intimidad que muchas veces no alcanzamos durante ese sueño alucinado en el que atisbamos nuestras pulsiones más profundas, ni tampoco durante las conversaciones familiares o con amigos cuando no despegan de los lugares comunes, ni siquiera (casi) cuando contamos a nuestra pareja una confidencia que puede convertirse en una confesión. La escritura nos hace palabra y la palabra nos libera de la materia. La intimidad es invisible, o al menos debe propiciarse un entorno invisible para que surja, y por eso la palabra conduce a un grado paroxístico de intimidad. No conocéis mi voz, pero sabéis cómo hablo. No sabéis el color de mis iris, pero sabéis cómo miro. No sabéis cómo soy, pero sabéis quién soy. Es esta intimidad ubicua y sincera la que me empuja a escribiros una carta en la que compartiré mis preocupaciones, mis anhelos y quizá incluso mi destino.


Recordaréis que en el artículo que inauguró este blog, como una suerte de prólogo en el que cada uno de los autores nos presentamos y trazamos las líneas argumentales de nuestras secciones, anuncié que dedicaría la mía a averiguar en qué consiste la “identidad anafiláctica”, el proceso creativo mediante el que buscamos dotar de significado al nombre que elegimos. Los nombres nos denominan siempre, pero no nos caracterizan siempre: son los pensamientos, los sentimientos, las acciones y los deseos los que impregnan de carácter a la denominación. El propósito primigenio de mi sección era exponer ese ejercicio auto-reflexivo para descubrir la identidad detrás de cada pensamiento, sentimiento, acción y deseo; un ejercicio que no solo os la revelase a vosotros, sino que también me la revelase a mí, y que además me sirviese para ir construyéndola en paralelo (sin que me agobie excesivamente la exactitud de la coherencia, que puede tener una importancia decisiva en los relatos políticos y empresariales, pero que, a la larga, termina resultando una impostura paradójica en cualquier relato que aspire a una vitalidad verdadera). Naturalmente esta sección ya involucraba a la intimidad de una forma bastante activa. Sin embargo, la implicación de la intimidad que ahora os propongo es mucho más intensa, va mucho más allá, porque no voy a hablar de un proyecto y de cómo le afecta la crisis del coronavirus, sino de los que emprendimos ese proyecto (mi hermano y yo) y de cómo nos afecta esa crisis. linea cita blog
Para dar respuesta a la crisis del COVID-19 desde Producciones Anafilaxis, primero debemos darle respuesta desde las vidas de sus promotores.
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calle portales Logroño
Calle Portales de Logroño durante el estado de alarma. Foto por A.A.I.E.


La empresa aparecerá a lo largo de estas líneas, claro, pero tan solo como una realidad que se imbrica y funde con nuestras propias realidades (en cuanto que la realidad de la empresa es una proyección de nosotros mismos): no será la protagonista, sino una cualidad de los protagonistas. Así pues, en este artículo epistolar, y como excepción, desplazaremos al personaje en el que nos reflejamos para hablaros directamente (mi hermano me ha comisionado para que le haga de portavoz, aun en primera persona del singular). No hablará Ángel Daniel como socio de Producciones Anafilaxis, sino Ángel Daniel, simplemente, sin adjetivos ni predicados. No esperéis encontrar opiniones ni posicionamientos económicos o políticos, ni teorías incendiarias, ni quejas amargas, ni reivindicaciones críticas (esas las reservo para las conversaciones familiares o con amigos que no despegan de los lugares comunes), porque en esta tribuna solo vais a encontrar experiencias, experiencias desnudas. La experiencia de dos emprendedores audiovisuales a los que un puto virus ha trastornado sus planes.


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La crisis del COVID-19 nos ha arrebatado nuestros planes, pero también nos ofrece una oportunidad de sustituirlos por otros mejores.
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¡“Qué novedad”, pensaréis! “Y a mí me ha jodido los míos”, pensaréis. Supongo, con grado de axioma, que a cada uno de vosotros también os habrá trastornado los vuestros. Os invito a que me enviéis correos (info@produccionesanafilaxis.es) en los que narréis vuestras cuitas individuales, y me ofrezco a entablar un diálogo que nos lleve a imaginar, juntos, salidas para prosperar en la época de crisis que se avecina. No pretendo que el trastorno que yo sufro se transforme en una categoría dramática única, cuando, además, admito que me encuentro en una posición privilegiada para contener y asimilar las consecuencias de ese trastorno (como luego explicaré). Pero creo que esa posición privilegiada me ofrece cierta serenidad para sentir y evaluar y calcular y concebir (donde otros se enfrentan a un triste y perentoria asfixia, yo al menos puedo enfrentarme tan solo a la inquietud y a la incertidumbre), y que por eso mis reflexiones y vivencias pueden aportar cierto valor en este contexto en el que la radical novedad del horizonte ha desvalorizado tantas reflexiones y vivencias. Por otro lado, dos claves inciden o modulan el trastorno que a nosotros (a mi hermano y a mí) nos ha sobrevenido: que somos emprendedores y que trabajamos en el sector audiovisual. Todos los factores mencionados tiñen de un determinado color nuestra experiencia frente a la crisis del coronavirus, aunque los hilos que la tejen sean universales: la conmoción y el miedo, la angustia, la resiliencia, la voluntad, el pesimismo y el optimismo. El amor.


calle muro de la mata
Calle Muro de la Mata, Logroño, durante el estado de alarma. Foto por A.A.I.E.


Decía que mi situación es privilegiada para enfrentarme a esta crisis. En primer lugar, porque nuestro modelo de negocio, y a nuestra escala actual, tiene una tabla de gastos fijos bastante breve (alrededor de unos 2.000 euros), lo que disminuye las tensiones de liquidez y asegura una mayor tasa de supervivencia. Circunstancia que no obsta para que esos gastos estructurales, repetidos con inclemente periodicidad mensual, vayan minando la tesorería acumulada hasta que puedan llegar a dilapidarla en el último trimestre de este año, fecha en la que estimo que volveremos a trabajar con cierta normalidad. Es decir, un hipotético colapso se retrasaría hasta final de año (cuando en tantos otros negocios ese colapso se advierte inminente), y esa previsión nos concede un margen oxigenante para organizarnos con el objetivo de revertir esa peligrosa tendencia. Esta procelosa coyuntura, en la que los costes torturan como la gota china cuando el grifo de los ingresos se ha cerrado, no regala un confortante desahogo, desde luego, pero tampoco apremia un desahucio. De alguna manera, la situación intrínseca continúa siendo la de una empresa que acaba de emprenderse (o si no es exactamente la misma, guarda cercanas similitudes), aunque el contexto extrínseco de incertidumbre e inestabilidad se haya agudizado. No quiero concluir esta idea sin agradecer la cadena de solidaridad que se está entablando entre la empresa y nuestros proveedores y clientes, en la que generosamente comprendemos nuestras dificultades, nos confortamos mutuamente y tratamos de ayudarnos conservando nuestros respectivos intereses legítimos.


En segundo lugar, porque los proyectos que ha suspendido esta aciaga adversidad tan solo se aplazarán, probablemente, y no llegarán a cancelarse. Desde que abrimos la empresa, hemos sostenido una línea equilibrada y creciente de facturación (no una curva exponencial, como la maldita curva), que deparó unos resultados satisfactorios entre febrero y marzo; esta crisis ha borrado el trazo previsto, inclinándolo hacia una fase mesetaria invisible que debería rebrotar desde las mismas coordenadas durante el último trimestre del año (la ruta de facturación se comportaría, así, como una especie de Guadiana). Por el contrario, el diagrama de otros muchos negocios e industrias que han interrumpido su actividad adoptará una forma bien distinta y mucho más triste: la crisis cercenará los ingresos de una producción ineludiblemente vinculada a un fragmento temporal (pensad, por ejemplo, en un comercio, en un restaurante o en una fábrica de zapatos) y hará que el rastro de la facturación se precipite hacia un abismo que impedirá que la retomen donde esta crisis la amputó. En otras palabras, en sus gráficas se dibujará un desfiladero, mientras que en la nuestra tan solo aparecerá un misterioso desvanecimiento, un lapso (ojalá que sea así para nosotros; y ojalá que para los demás el desfiladero no sea muy ancho, partiendo de que su altura ya es irremediable). linea cita blog
El modelo de negocio, con unos gastos estructurales reducidos, nos permitirá sobrevivir mientras se confirma que los proyectos suspendidos tan solo se aplazan.
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calle laurel logroño
Calle Laurel, Logroño, durante el estado de alarma. Foto por A.A.I.E.


Y en tercer y último lugar, porque afortunadamente simultaneo mi actividad empresarial con un trabajo por cuenta ajena. Ahora digo afortunadamente, aunque en la época pre-crisis esa ardua compatibilización me exigiese esfuerzos, renuncias y sacrificios que en más de una ocasión hicieron que cuestionase su viabilidad. Es curioso cómo lo que entonces era esfuerzo, renuncia y sacrificio se convierte ahora en alivio, continuidad y recompensa, por la intervención exógena de un virus que nos ha contagiado a todos y a todo (incluso a los que no hemos caído enfermos); es curioso cómo, a pesar de que la vida vague azarosamente, el pasado puede terminar cobrando significado en el presente de las formas más insospechadas. Me acuerdo ahora de la narración bíblica en la que las profecías de José recomiendan al faraón de Egipto que colme de grano sus silos durante los siete años de exuberante abundancia, antes de que les sucedan los siete años de terrible carestía: en mi caso, esa transacción se articulaba dedicando mucho de mi tiempo “libre” a la empresa en lugar de al ocio; incluso, me atrevería a decir, comprometiendo mi juventud en alguna medida.


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La crisis nos está permitiendo recordar el valor del sacrificio personal, sobre todo en tiempos de bonanza, para lograr nuestros objetivos y fomentar el bien común.
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También me acuerdo de la filosofía estoica. Desde antiguo se ha intentado inculcar en la sociedad virtudes como la prudencia y el sacrificio, virtudes que se vienen denostando en la nuestra, la propia de un país occidental desarrollado hasta la glotonería y la bulimia que, a pesar de la crisis de 2008, parece que seguía creyendo arrogantemente en un bienestar eternamente inflacionario. Resulta paradójico que ahora apelen a ellas para preservar el bien común, y con un lenguaje belicista, los que antes predicaban que el esfuerzo, la renuncia o el sacrificio eran conceptos anticuados y oscuros porque no encajaban con un concepto “moderno” de felicidad: porque las dificultades no constituían resortes de realización personal, a través de su superación, sino obstáculos injustos que no se podían tolerar y que un deus ex machina tenía que erradicar (un inciso: calcúlese cómo la postura contraria dosifica el sacrificio y cómo, aunque le reste heroísmo, aumenta su utilidad). Nuestra felicidad era una felicidad infantil, naif, y ahora tenemos la posibilidad de que madure. El hedonismo permanente no es un carpe diem realizado ni saludable: el sacrificio, las renuncias y las insatisfacciones deben ser excepciones, sí, pero son las excepciones las que dan sentido a la regla. Si sabemos interiorizar lo que ahora es obligado para luego modularlo y hacerlo que fluya voluntariamente, la valiente resistencia de hoy impulsará la verdadera felicidad de mañana.


espolón logroño
Paseo de El Espolón, Logroño, durante el estado de alarma. Foto por A.A.I.E.


Por tanto, el dilema que me acucia no es un dilema tan enfocado en el presente como en el futuro, por lo menos en lo que a mí me atañe. Y a pesar de que el contexto excepcional establezca condiciones de envergadura desconocida, que habrá que estudiar, tampoco creo que sea un dilema nuevo; es el mismo dilema al que me enfrenté cuando fundé la empresa y diseñé su modelo de valor, el mismo dilema que tenía que resolver diariamente antes de que estallase esta crisis: el dilema de cómo generar negocio. Estoy firmemente convencido de que los grandes objetivos se alcanzan a través de pequeñas soluciones, y por eso disiento de aquellos que están elucubrando el futuro desde formulaciones épicas. Me parece que su enfoque portentoso termina levantando una muralla psicológicamente traumatizante, paralizante, pues, aunque quizá dimensionan el problema con una magnitud más precisa (lo que no conlleva que mi enfoque la trivialice), esa magnitud no puede absorberse ni abordarse cabalmente en el corto y medio plazo, que es cuando toca agitar los reanimadores que nos salven de la extinción. El dilema es el dilema inseparable de toda empresa, en cualquier tiempo, territorio y circunstancia: cómo generar negocio. ¿Que el entorno cambiará drásticamente? Sin duda, y habrá que analizarlo atentamente, pero ese entorno continuará afectando a la misma decisión: cómo generar negocio. Me acogeré a un símil cinematográfico: los personajes y los actores mutarán, mutarán los escenarios donde actúan, y sus luces y sus sonidos; y sin embargo, la misión del director seguirá consistiendo en hallar la correcta composición del plano que llene de sentido narrativo al montaje.


Tendremos que recomponer el plano. Y para ello, creo que es necesario preservar la actitud y la pujanza del emprendedor, o recuperarla si ya nos queda lejana. En mi caso, que comencé la actividad hace apenas seis meses (dato que admito que me da otra ventaja, porque la pandemia ha irrumpido en un momento en que tampoco altera demasiado mi ecuación de partida: mucho que ganar y poco que perder), esa actitud permanece viva y me hace que retroceda fácilmente a la primera fase de ideación de una empresa. El periodo de confinamiento y de reducción de actividad nos brinda una ocasión para repasar y repensar, para planificar y reelaborar planes (económicos, comerciales), para pulir y descartar y rescatar otros, para rematar tantas tareas que el transcurso cotidiano de la actividad va posponiendo (no creo, sin embargo, que este periodo sea particularmente fértil para el proceso creativo, al menos mientras dure, a pesar de que muchos artistas a los que se entrevista estos días recurran a este tópico. El arte surge de estímulos diversos. La reclusión puede que haya potenciado alguno de los estímulos que nos vivifican, pero ha restringido el acceso a la mayoría de ellos, además de que los retuerce monotemáticamente alrededor de la serpiente del virus. Completo: el arte surge de estímulos diversos que luego se piensan, y este pensarse luego no puede ocurrir dentro del huracán. Al menos la escritura de guiones me fluye bastante coagulada. El entorno aparenta aislamiento, se diría que vivimos casi en soledad, pero en realidad no comparecen ni el aislamiento intelectual ni emocional que promueven el proceso creativo: quizá haya más distracciones que nunca). linea cita blog
El espíritu emprendedor, en cuanto tiene de optimista, audaz y visionario, puede constituir una fórmula esperanzadora para gestionar la situación poscrisis.
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fotograma the third man
Fotograma expresionista de The third man, de Carol Reed, durante la persecución en las cloacas de Viena


Quiero decir que hay que tener todo preparado para septiembre, cuando estimo que podremos retornar a una cierta normalidad, y que por eso este trance no debe equipararse con una hibernación, sino con una gestación (una segunda gestación, si se quiere). Yo estoy tratando de gestar con la intrepidez del emprendedor virgen que fui, y al que los desafíos tan solo consiguen excitar sus indómitas aspiraciones, pero sin olvidar que ya no lo soy: la experiencia de estos seis meses me permite extraer aprendizajes que ayudarán a que septiembre no sea un absurdo volver a empezar, sino un razonable volver a arrancar. Creo que la combinación de la inteligencia del emprendedor avezado (en mi caso, bisoñamente avezado todavía) y la emoción del emprendedor virgen (no hablo de espíritus jóvenes, sino de espíritus valientes), será clave para detectar oportunidades poscrisis, para crearlas también, y, en cualquier supuesto, para lanzarse a por ellas.


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: La comunicación audiovisual encontrará nuevas oportunidades para seguir impulsando la economía, las relaciones interpersonales y la convivencia social.
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No me aventuro mucho si afirmo que después de esta crisis habrá oportunidades. Después de todas las crisis, siempre ha habido más y nuevas oportunidades; la preocupación reside en la supervivencia de los agentes que pueden auspiciar esas oportunidades, en distintas direcciones (profesionales, clientes, proveedores). Sospecho que mi sector, el audiovisual, será beneficiario de un relevante panorama de oportunidades (quizá la capacidad de la industria cinematográfica se resentirá más, quedará más dañada, aunque seguro que encuentra magníficas historias con las que rendir tributo a este esfuerzo global). Después de la crisis habrá inquietud, habrá miedo, habrá frustración, habrá cobardía, habrá dolor. Por eso habrá que generar confianza, habrá que volver a relacionarse, habrá que volver a creer. Y la comunicación audiovisual, tanto en su dimensión más ideológica y emocional como en la comercial, empresarial y de consumo, es uno de los instrumentos más eficaces, convincentes y universales para volver a expandir lo que está crisis está constriñendo: nuestro sistema de convivencia social, nuestro sistema de relación y comunicación interpersonal.

Quiero agradecer a todos los colaboradores de Producciones Anafilaxis (especialmente a Marco, Raúl, María, Gustavo, Teresa, Pilar, Cristina) que estén contribuyendo con afecto y entusiasmo a que la empresa pueda seguir generando contenido durante esta crisis. Confío en que vosotros, lectores anafilácticos, sigáis sobrellevando estas semanas de confinamiento con disciplina, paciencia y esperanza; y deseo que este cautiverio termine haciéndonos más libres. Por último, permitidme que despida mi carta con una pertinente, sagaz y optimista cita de Orson Welles en un clásico del cine negro, The third man, de Carol Reed (1949):

“En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras y matanzas, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron 500 años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco”.


Publicado el 06/04/2020



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