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IMPACTANTE EMOCIONANTE ANAFILACTICO

El cine que nos escribe

El escritor, historiador y crítico Román Gubern asegura en su mítica Historia del cine “que el hombre hace al cine y que el cine hace el hombre". Si parafraseamos o profundizamos en su máxima, también podríamos afirmar “la persona escribe cine y el cine escribe a la persona". En este blog exploraremos cómo el cine nos ha escrito y nos escribe a cada uno de los autores, cuatro voces (diversas y a la vez convergentes) en cuanto a orígenes, profesiones y sensibilidades. Expondremos cómo el cine compone nuestros planos, desde los diferentes ángulos en los que puede colocar su cámara (filosofía, industria internacional, política, literatura…). En fin, escribiremos sobre cine (sobre el cine y sus relaciones con otras muchas cosas de la vida, materia cinematográfica bruta), pero porque a la vez el cine nos está escribiendo a nosotros.
foto Angel Daniel

EL ESPÍRITU DETRÁS DEL NOMBRE

Creo que hay que vivir la realidad a través de la ficción porque la ficción supone vivir la realidad a contracorriente.
Autor: Ángel Daniel Íñiguez Pérez
Creador, gestor cultural y abogado. Socio fundador y director gerente de Producciones Anafilaxis, S.L. Vivo anafilácticamente porque vivo contracorriente, aunque no decidí vivir contracorriente de forma consciente; por eso no padezco la vanidad del revolucionario ni quiero que me caricaturice la impostura del alternativo, pero sí que me divierte subvertir la normalidad prejuiciosa investigando matices para mis comportamientos estereotípicos. Me escapo de identificarme con lo que se espera de mí, aspiro a que me identifiquen con lo que imagino para mí mismo. Busco la ambivalencia sin caer en la paradoja a través de la simbiosis de gestos, palabras y experiencias contradictorias; sin embargo, no quiero que la sorpresa se reduzca al zumbido del desconcierto, pues el desconcierto desorienta mientras que la sorpresa guía. Estoy convencido de continuar con este proceso de multiplicar uno por uno infinitamente porque el resultado no depara un sucesivo múltiplo de uno, sino un uno múltiplo. Descubrí que la ficción libera a la realidad y que por eso es la única manera honesta para vivir la realidad: somos historias, si queremos ser auténticamente reales tenemos que vivir como historias. La ficción es la realidad a contracorriente. Vivo historias, así que vivo ficciones, así que vivo contracorriente, así que vivo anafilácticamente. Creo ficciones, luego creo realidad. Creo historias, luego vivo.
En esta sección contaremos qué significado le daremos a nuestro nombre, Producciones Anafilaxis, y cómo se proyectará ese significado sobre lo que hacemos.
“¿Por qué Producciones Anafilaxis?”. Esta es la pregunta paradigmática que nuestros amigos y clientes nos formulan después de deletrear el nombre para cerciorarse de que su oído no ha fallado. La elección de un nombre siempre genera curiosidad e inquietud, quizá porque le atribuimos un exagerado carácter simbólico, un efecto pasmosamente mágico y totémico que irradia cualidades sobre el sujeto al que denomina: no solo es que el nombre dote de existencia, sino que sospechamos que incluso predestina esa existencia. Sar Shalom, el detective protagonista de nuestro primer largometraje, Si se descubre la verdad, rebate irónicamente esta tesis (para rebatirse a sí mismo) cuando afirma “que un nombre siempre identifica a una persona, pero no la caracteriza siempre”. Y si bien es cierto que un nombre no es una expresión absoluta y definitiva de un carácter, sí que puede esbozar al menos indicios de cómo se forma o de cuáles son los atributos para que se forme. En este sentido, nos separamos de la autonomía con la que reflexiona nuestro personaje, pues Anafilaxis es desde luego un nombre fortuito (una serendipia), pero no uno accidental ni arbitrario; un nombre que se descompone en dos adjetivos, impactante y emocionante, que quieren apuntar las coordenadas en las que se localiza. En fin, que creemos que Anafilaxis sí nos identifica y nos caracteriza, pero nos caracteriza en cuanto nosotros caractericemos a ese nombre primero.

Precisamente el argumento que recorrerá los artículos de esta sección, como un nervio invisible pero latente, será intentar contestar esa pregunta inicial, o por lo menos confeccionar una contestación que sea satisfactoria (tal vez nosotros mismos desconocemos la verdadera). No obstante, construiremos el argumento de manera inversa a la que suelen demandar nuestros interlocutores: no nos interesa analizar por qué o cómo se escogió el nombre, asumimos que fue un hallazgo intuitivo e imprevisible (y por eso racionalmente injustificable), sino los fines, los para qué a los que ese nombre nos obliga una vez elegido, cómo se proyecta sobre nuestros trabajos y nuestro estilo de trabajar. Anafilaxis, en cuanto nombre, no predeterminaba nuestra identidad, claro, podía contextualizarla si acaso; pero sí que nos lo vamos a tomar como un pacto irrenunciable por el que tenemos que imprimir a nuestras obras el significado de las coordenadas que anhelamos que definan ese nombre (somos nosotros los que llenamos de contenido al nombre, y no al revés: anafiláctico será lo que nosotros seamos y lo que sean y muestren nuestras obras).

En estos artículos mensuales no discurriremos sobre qué nos inspiró para denominarnos Producciones Anafilaxis, sino lo que ese nombre nos inspira y lo que queremos que nos inspire en nuestros trabajos y en nuestro estilo de trabajar. Explicaremos quiénes somos y qué hacemos, y las razones, los cómos y los objetivos. Compartiendo y desvelando el espíritu que vibra detrás del nombre, terminaréis sabiendo (terminaremos sabiendo) por qué decidimos llamarnos Producciones Anafilaxis.

foto Gustavo Herrera Taboada

El mundo es ancho y ajeno

Dejar de ser un seguidor más del cine y la cultura y convertirme en un experto y mediador al servicio de ambas.
Autor: Gustavo Herrera Taboada
Ante todo soy peruano, de nacimiento y corazón. Obtuve un bachiller en estudios de cine en la Universidad Clark (Massachusetts), un máster en estudios de cine y medios en la Universidad de Columbia (Nueva York) y un máster en gestión cultural en la Universidad Carlos III de Madrid. Sí, mi vida ha sido un auténtico frenesí académico que ha abarcado tres países, dos idiomas y una sola meta: dejar de ser un seguidor más del cine y la cultura y convertirme en un experto y mediador al servicio de ambas. He ayudado a clasificar un archivo histórico de películas, he evaluado títulos independientes para su potencial distribución y, entre otras cosas, he escrito y escribo textos sobre el cine que creo que merece ser explicado y difundido más allá de una calificación. No tengo género preferido (aunque rehúyo del terror más sangriento y del drama histórico de diálogos saturados), pero siempre reservaré un rincón especial para la animación, sobre todo si es tradicional. Agradezco la oportunidad al equipo de Anafilaxis de poder acompañarles en esta iniciativa y compartir mi perspectiva con sus seguidores.
El poder de abrir nuestra mirada a otras realidades y de ampliar nuestra empatía a esos (otros) miembros de nuestra vasta humanidad.
Mi sección lleva el nombre de una novela del peruano Ciro Alegría en la que un hacendado occidental toma posesión de las tierras de una comunidad andina cuyos miembros aprenden que, en efecto, el resto del mundo les es ajeno. El cine, como todo arte, tiene el poder de abrir nuestra mirada a otras realidades y de ampliar nuestra empatía a esos (otros) miembros de nuestra vasta humanidad. Porque la cultura puede y debe acercarnos, más aún si mayoritariamente compartimos un mismo idioma. Por ello en principio abordaré obras que acerquen la realidad del continente americano a los miembros de la comunidad anafiláctica, para que sus historias y personajes les sean menos ajenas. Empezaré por el cine de mi país, un compendio de películas dispares a nivel de producción pero que buscan desplegar un mismo sentido de realismo. Por supuesto que si la ocasión lo amerita no dudaré en extenderme a otros rincones del atlas cinematográfico donde las fronteras solo son referenciales.

foto Teresa Beitia Fernández de Muniai

GUIONIZANDO EN LA WAR ROOM

Decían que podría haber sido la próxima Taylor Swift si no fuera por la voz. Desde entonces compagino mi actividad profesional con el playback en los karaokes.
Autora: Teresa Beitia Fernández de Muniain
Millennial. Cine, política y memes. Y no necesariamente en ese orden. En realidad solo soy una chica de provincias que fue a probar suerte a la gran ciudad y tuvo que volver a casa. Criada a medio camino entre Hogwarts y la Tierra Media, no vine aquí para hacer amigos (aunque sabes que siempre puedes contar conmigo). Todo empezó un 11 de septiembre de 2001, estaba viendo Los Simpson en casa de mi vecina y de repente cortaron la emisión para proyectar cómo un avión se precipitaba contra un rascacielos en Nueva York. Lo comprendí años después pero he llegado a la conclusión de que en ese momento me debió picar la araña radioactiva de la comunicación política. Todavía no ha quedado claro el alcance total de este incidente, pero de momento me ha traído hasta aquí. Mi filosofía es que cuando te ofrecen algo de comer o de beber tienes que decir que sí y dar las gracias, a menos que la comida lleve cilantro o canela y la bebida tenga un dudoso color artificial, en cuyo caso solo hay que dar las gracias. Como Tarantino, también pienso que en una pelea entre Bruce Lee y Muhammad Ali habría ganado Brad Pitt. De todas maneras, pocas cosas me quitan el sueño, a saber: la gente que le pone tilde a “ti”, aquellos que desprecian el fenómeno Star Wars y los que dicen que a los jóvenes no nos interesan ni la cultura ni la política. Y es que, al final, como dijo un grande, lo único importante en la vida es ser majo.
Aquí os vendré a hablar de mi libro… cuando lo escriba. Mientras tanto, trataré de hilar temas de cultura pop con actualidad política y de recomendaros películas para que veáis con vuestro crush (o a solas) en el cine (o en casa).
Tenemos la suerte de vivir en una época de oro para tener películas, series y documentales a nuestra disposición. La televisión a la carta y las plataformas de streaming como Netflix, HBO o Prime Video han hecho mucho más fácil y atractivo el visionado; prácticamente podríamos decir que quien no ve cine es porque no quiere. Desde que tengo uso de razón, mis amigos me han preguntado qué ver y qué me parecía esta u otra película. Al ser humano siempre le ha resultado más fácil preguntar lo que no sabe y asegurarse una mala respuesta por parte de alguien en quien confía, que ponerse a investigar y llegar por sus propios medios a concluir cuál es la opción correcta. Con el cine es más difícil porque, a priori, no hay decisiones incorrectas y todo depende del criterio y del gusto de cada uno. No obstante, para lo bueno y para lo malo, ambos se pueden educar y moldearse toda vez que vamos viendo cine de distintos directores, géneros o países.

La war room es la sala donde se reúnen aquellas personas que, por sus distintas visiones, conocimiento y experiencia, elaboran las estrategias y toman las decisiones a ejecutar durante una campaña electoral. Me gustaría que esta sección hiciera las veces de sala de guerra, que consiguiéramos crear un foro de discusión entre todos. Algunos meses tal vez quiera hablaros de una película concreta, tanto de novedades de cartelera como de clásicos de los años cincuenta; otros, puede que una noticias o decisiones políticas (nacionales e internacionales) que me hayan llamado la atención por su fondo o su forma, con sucesos relacionados con la cultura popular; aunque también habrá ocasiones en las que la línea editorial me permita concesiones para contar algo que no esté directamente relacionado con el cine o la política pero que piense que merece la pena compartir aquí.

En resumen, creo que este puede ser un espacio polivalente donde hablar de aquello que más me gusta y tratar de sacar alguna conclusión en claro. Es posible que no siempre lo consiga, sobre todo con el tema de la crítica a películas o a series, ya que muchas veces no hace falta llegar a ninguna resolución concreta. La magia del cine radica entre otras cosas en que nos emociona, nos irrita o nos deja indiferentes y cuando queremos explicarle a otro por qué, nos damos cuenta de que la explicación no es tan sencilla. Y es que lo que vemos es mucho más que la suma de sus partes.

Ojalá llegue a transmitiros una pequeña parte de mi amor por todo esto y, si no lo consigo, que al menos os haga pasar un buen rato.

foto María del Pilar Bravo de Lallana

EL EGONAUTA

Antes que encantarme la ficción, encuentro que la necesito para vivir. Que no sé cómo ni por qué, pero me he convertido en un Quijote.
Autora: Pilar Bravo de Lallana
Hace ya un tiempo, una chica de la universidad a la que acababa de conocer, con el halo de pertenecer al grupo de los altamente-dotados-literariamente-hablando, ebrias las dos, detuvo un baile demodé y ridículo al son de música indie que antes que invitar al baile invitaba a saltar y saltar y saltar, para decirme que creía que nos parecíamos, que lo veía claro. Le pregunté por qué, halagada. Su respuesta: “A las dos nos encanta la ficción”. No le contesté. Ahora, años después, me gustaría comentarle que me acuerdo de lo que me dijo, que tenía toda la razón del mundo, pero que, si me permitía un añadido, antes que encantarme la ficción, encuentro que la necesito para vivir. Que no sé cómo ni por qué, pero me he convertido en un Quijote. Es una necesidad extraña y llena de contradicciones, una adicción y una virtud, que me permite evadir la realidad pero también comprenderla mejor. Dicho esto, tengo algunos escritos naufragando por internet y algunos más desperdigados con holgazanería por el escritorio del portátil. Soy persona e intento, poco a poco, ser filósofa por la UNED. Veremos.
El Egonauta intenta aunar la narrativa en El Cine con la narrativa en La Literatura. Y todo ello con licencias poéticas, ya que no puedo evitarlas.
El Egonauta pretende ser un ejercicio de búsqueda, partiendo de la tramposa premisa de que muchas veces no sabemos qué buscamos hasta que lo encontramos. Con la narración en el punto de mira, los personajes, los giros de guión, la resolución de El Conflicto, y todas estas maravillas que nos hacen un nudo en el estómago y nos alivian de pensar en nosotros mismos al menos por un rato, el Egonauta intenta aunar la narrativa en El Cine con la narrativa en La Literatura. Y todo ello con licencias poéticas, ya que no puedo evitarlas.

En los artículos mensuales, hablaré de película/s que he visto o vuelto a ver recientemente y de todas las reflexiones, más o menos de interés, que me ha/n suscitado. En este sentido, hablaremos sobre cómo determinadas películas han tratado arquetipos dramáticos, como son, por ejemplo (dos de mis favoritos y aventuro que son favoritos universales), el héroe que no será reconocido jamás de los jamases o el luchador por el que nadie daba un duro y al final lo consigue (lo que me gusta en llamar los Narutos). Analizaremos cómo se ha llevado a la gran pantalla la ficción nacida de la mano de obras literarias. Comentaremos cómo narraciones que en un comienzo prometían, al final terminaron decayendo, sea por haber perdido el foco, sea porque fueron indulgentes y dieron al espectador lo que quizás no deberían haberle dado. En todo caso, intentaré que mis gustos literarios y cinematográficos no sean demasiado, demasiado notorios.

Por último, creo que aunque la ficción nos alivia de pensar en nosotros mismos por un rato, trae consigo, como un poso inevitable o una especie de resaca moral, que nos preguntemos sobre nosotros mismos. Al fin y al cabo, somos nuestros más atentos espectadores, queremos resolver el misterio que recoge nuestro vivir con nosotros mismos desde y por siempre. El Egonauta piensa en lo infinitesimal, como una nave espacial en las profundidades del yo y del sinsentido común. Hace unos años escribí un relato con un título bastante decente: “Reflexiones de un hombre desnudo en el espacio exterior”. El Egonauta pasaría por poder reformularse como las reflexiones de una mujer, avanzada en la veintena, que bucea en el espacio de la introversión. Creo lo más probable que esta aproximación, que es la mía para con La Ficción y que al menos es honesta, va a impregnar cada uno de los artículos de una forma más o menos evidente. Quizá podría tomarse así, como un vermut existencialista. Y que todo lo demás sean grandes alas de gigante reconquistando el vuelo. Veremos.

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